Leila Tschopp. Si el desierto crece, ¡entonces cavemos!

 

La obra de Leila Tschopp interviene en la arquitectura del espacio con una pintura mural y 5 pinturas colgantes sobre MDF, realizadas con acrílico y arena de silicio. En la intervención se construye un paisaje quebrado a partir de imágenes que se superponen, interrumpen e invaden el espacio, en las que entran y salen falsas paredes, decorados, planos fugados y horizontes inestables. Mientras que en los muros las imágenes se vuelven arquitecturas sintetizadas, geométricas y libres de referencias, en las pinturas se alude tanto a la pintura metafísica como a proyectos arquitectónicos de la modernidad latinoamericana, tales como el proyecto Tlatelolco en ciudad de México como el Sexto Panteón del Cementerio de la Chacarita en Buenos Aires. Sin embargo, todas las referencias a la utopía modernista ingresan a la pintura extrañadas y aisladas en un paisaje sin referencias y, de ese modo, devienen espacios liminales en los que convive lo que ya no es más con lo que aún no ha ocurrido. Los humanos presentes en los cuadros, solos o en dúos, cayendo o tratando de levantarse, parecen estar, en todos los casos, poseídos por un estado de intenso caudal dramático, ensayando alguna clase de punto ciego: asuntos del orden del desánimo y la finitud, de la desmesura o el espanto.

Tanto en el título, como en la intervención del muro y en las pinturas, aparece una referencia a un espacio sin horizontes precisos, sin parámetros, sin camino claro. Un desierto, una isla, una ruina, un laberinto. Un viaje sin destino, un lugar de errancia. El título refiere a una parte de una frase de Nietzche en Así habló Zaratustra: “El desierto crece, ¡ay de aquel que guarde desiertos en su interior!”

En palabras de la artista: "Me interesa remitir al desierto como paisaje y metáfora. El desierto crece implica la repetición sostenida de lo mismo y también la incertidumbre, el sin sentido. La idea de cavar como modo de encontrar un camino o una posible solución también construye hacia un lugar un poco absurdo. Si no hay salida aparente, quizás es mejor adentrarse y profundizar…”

Este proyecto tiene relación con proyectos anteriores en los que la pintura comienza en los cuadros y los excede, para proyectarse al espacio físico de la sala, en un juego de continuidades y dislocaciones. La pintura se vuelve experiencia espacial, interpelando el cuerpo del espectador en su desplazamiento, como si hubiera ingresado a un cuadro o a un escenario vacío.

 

Leila Tschopp
Si el desierto crece, ¡entonces cavemos!

Desde el 24 de Junio al 20 de Diciembre de 2026

CCB | Centro Cultural Borges
Viamonte 525
Ciudad Autónoma de Buenos Aires